ALEJANDRO FARIAS | Guionista y Editor de Loco Rabia
Guardo por los muchachos de Tucumán una enorme mezcla de admiración, amistad, cariño y gratitud. Pienso en el Ale Nicolau, de quien tengo un cuadro gigante en mi cuarto, y se me llena la cabeza de asombro por su talento, pienso en César y no dejó de admirarme por su energía, su fuerza productiva y su dibujo de la san p… En fin…Pienso en los muchachos de Tipos Vivos y empiezo a reírme solo, ni hablar de Bruno, Fede, Evi, Néstor (de quien guardo su Ludovico entre mis libros preferidos), Segundo, Jorge, Rodo, Arturo, entre tantos otros. Y ni hablar del Oso, a quien nunca pude llorar como se debe porque ni bien pienso en él me acuerdo de sus chistes y comienzo a reírme como un tarado. Pero iba a hablar del Tinta…
Ni bien conocí a este escuadrón de norteños locos me partieron la cabeza (literalmente, con una escalera). Me quedó de ese primer encuentro: un chichón, una pila de dibujos con enfermeras, caricaturas y escaleras y la invitación al Tinta Nakuy. Sí, ya sé, de esto quería hablarles.
Fue gracias a los eventos que fui metiéndome más y más en la historieta, conociendo compañeros de ruta y alimentado las ganas por explorar este género. Y entre los eventos, el Tinta fue una presencia constante que acompañó los pasos más importantes que di en mi pequeña, incompleta y reciente historia dentro de la historieta.
Fue en un Tinta dónde decidimos, con Marcos Vergara, llevar adelante la antología Traición, germen de la editorial Loco Rabia que después de dos años ya tiene 16 libros en la calle. Fue, también, en un Tinta, mientras recorríamos los talleres de Tafí, dónde decidí poner en marcha el libro La Fábrica que venía postergando en mi cabeza y dónde conocí a Javier Solar, dibujante de la serie El otro Juan Moreira que edita Llanto de Mudo y que ya anda por el tomo II.
También fue en un Tinta dónde Adrián quedó encerrado en un departamento y a mí y otro de mis compañeros nos corrió un novio de lo más particular a lo largo de unas escaleras que parecían no terminar nunca. Pero de esto no voy a hablarles, ya lo dijo todo Adrián en el medio de un asadazo, mientras alguien lo grababa. De fondo estaba la cancha de futbol vacía y avergonzada porque, otra vez, el partido terminaba en un empate tramposo. Pero esas son cosas del futbol.
En Tucumán la pelota sí se mancha, se mancha con tinta y amistad. Una mancha grandiosa, que se te queda en la memoria para siempre.
Gracias muchachos por tantas cosas lindas que me dieron.